El espiritismo, por lo que representa, admite infinidad de formas del culto, ya que en la mayoría de los casos, los mismos espíritus son los que dicen cómo hacer las cosas, como organizar los altares, lo que les gusta y lo que les molesta, como hacer las ofrendas, que no hacer, y que decidir, son ellos en última instancia quienes tienen la potestad para recrear las mejores condiciones para el buen fluir, para poder actuar, entre guía-médium, médium-paciente e intercambiar conocimientos y experiencias con los asistentes.
Una filosofía humanista, porque coloca al ser humano y sus necesidades en el centro de su atención. La doctrina espiritista es un instrumento para que el hombre se supere moral e intelectualmente a partir de la comprensión de sí mismo y de su proceso evolutivo. Y sólo se conocerá a sí mismo cuando se reconozca como un espíritu que transita, en medio de fases encarnadas y desencarnadas, errando, rectificando, aprendiendo, hacia la conquista de un destino superior.
No hay una forma rígida de práctica, ni hay que ser fanático, al contrario, es una práctica flexible y armónica que se adapta a la necesidad espiritual de cada ceremonia, y no al revés. Desde mi punto de vista, he reunido en esta guía lo imprescindible para el buen funcionamiento de la misa o reunión espiritual.
Inmortalidad del alma:
La muerte física no es más que una metamorfosis en la que nuestro verdadero yo se desprende de su envoltura carnal para vivir su auténtica vida; la espiritual. No somos un cuerpo que posee un espíritu, al contrario, somos un espíritu que, momenta-neamente anima a un cuerpo.
Pluralidad de Mundos Habitados; La vida no es un accidente que excepcionalmente se produjo en la Tierra, es una constante universal. No estamos solos en un universo infinito, eterno e ilimitado, sería grosero negar las posibilidades de vida en otros planetas, sistemas o galaxias.
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